La calle se muestra oscura a travez de las ventanas y gracias a la alineación cuadrada de los fluorescentes se refleja toda la oficina en ella. Estoy solo y observo en mi monitor que ya son casi las 20:00hrs. No hay tiempo para esperar las ganas a que el computador se apague y solo atino a presionar el botón de encendido del monitor. Es tarde y llevo mucha prisa. Ya en la calle busco un taxi disponible en la Avenida Canadá, y después de regatearle a varios taxistas hago trato con un tipo de base cuatro que lleva lentes y se le nota el cuero cabelludo. “Ya, vamos”. Mi cita con Cenid está por empezar.

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Llegué tarde pero Cenid aún no salía de la universidad; ella no notaría mi tardanza. La espero al pie de ‘cassettes’ que es tan solo un puente que lleva, entre otros, un graffiti del esqueleto de un extraterrestre, y, claro, un cassette. Observo que está por salir una chica con el cabello revuelto; una ensalada de cables que únicamente le puede pertenecer a Cenid. Con un beso endeble en la mejilla empezamos nuestro contacto.

Estoy con Cenid y mientras damos pasos confieso que siento algo que podría ser alegría de volverla a ver pues hace siete días que no la tenía de cerca. La última vez que llegué a su universidad fuimos a comprar unos dulces en ‘La casa del alfajor’ ¡Protesto! debería llamarse ‘El quiosco del alfajor’; luego tuve que regresar al trabajo como a las 21:00hrs pues me llamó ‘La jefa’ y me pedía terminar con un pendiente.


EN GABY LA VIDA ES MAS SABROSA
Cenid está extraña, muy cerrada, ni risueña, ni vulnerable; pienso que le aburre mi presencia, o mejor aún, ella, con toda soltura, diría “me llega”, que es su frase –relativamente favorita debo decir- con la que podría referirse a la cita. Está distraída, alborotada, tiene sus propios roces internos y explota en silencio. Cenid tienes las palabras exactas para mi, tan solo me da un “ya” a todo. Talvez yo soy un mal anfitrión; dudo si fue buena idea vernos después de sus clases.

Le propongo ir a Tortas Gaby “no, hoy no quiero Gaby”, respondió mientras avanzamos con rumbo desconocido. Todos esos pasos nos llevan a las afueras de un supermercado. “Tenemos que ir a ver Edipo Rey”, me propone ella y agrega que su contenido lleva incesto, “wao”.

De algún modo aceptó ir a Gaby, y pensé en como diablos poder romper ese hielo que no sé de dónde apareció. Entramos a Gaby, el tipo de seguridad nos abrió la puerta de vidrio. Frente al mostrador no sabe que elegir y solicita la ayuda de la señorita de la pastelería pero nadie se percata de ella. Su ligero tamaño no es pretexto para que no la puedan ver. Yo siempre la observo y empiezo desde sus pequeños piés desnudos tripulantes de sandalias; se aprecian sus uñas cortas sin pintar y ahí su piel aún no es de ese marrón que siempre dice ser. Prosigo por aquel remangado pantalón jean de Kidsmadehere; mis ojos detenidos en sus cortas –y muy blandas- piernas; lo siguiente es una chompa que dificulta la expresión a su escote heroicamente atrevido; y sus cabellos que brotan como cables de cobre, es un enredo pajoso capilar. Cenid hoy no se vistió de amarillo y no dudo que el invierno la detenga, pues si hay cielo gris ella lo pinta de amarillo y sonríe su sonrisa. No queda de otra: ella es una futura artista. Así estaba Cenid, delante del mostrador, pidiendo algo atención; yo la ayudo en su causa pero con un “yo la llamo” me detuvo como queriendo que únicamente me afane en pagar la cuenta. En la orden figura su nombre en diminutivo, se lo entrego a la cajera y pago con tarjeta. “¿Para llevar o para comer acá?”, le preguntan, ella responde “para comer aquí”. La bandeja lleva un gozoso y enjuto queque lleno de calorías y dos tenedores de plástico: ella y yo comeríamos del mismo plato.
No tenemos mucho que decir salvo conversaciones sin sentido y palabras como “favela” al cual yo identifiqué “son los barrios pobres del Brasil” y le añado la existencia de la película ‘Ciudad de Dios’.

Terminamos nuestro pastel y dejamos el chantillí en situación casi intacta. La reto a que pueda realizar una composición con los sobrantes; la ayudo tomando las servilletas y ella, la boleta de pago. Esparcimos los pedazos por el plato y le añadió por encima una bolsa de plástico para que finja de capa, “es un muladar”, sentenció.


REGALAME LA FILOSOFIA DE LA A
Salimos de la pastelería practicando disforzadas y confusas sonrisas para volver a caer en silencio. La maldición de ser un fracaso de anfitrión vuelve otra vez. Cruzamos un parque de diversiones y nuevamente no sabemos a donde ir. Recurro a mi plan de la mañana que nació hace dos semanas después de comer unos postres, cuando le prometí un libro y ella aceptó.

Unas horas atrás, poco después del medio día, llamé a Librerías Crisol.
- Hola, quiero hacerte la consulta del stock de un libro.
- Claro, dime.
- ‘Mi Filosofía de la A...’
- De Andy Warhol.
- Sí, ese.
- Dame un segundo, no cuelgues.
Luego volvió al teléfono “solo me queda uno”, me dio el precio, la editorial y me preguntó si lo quería separar “claro”, acepté de inmediato y le di mi nombre. Entonces el libro era un 50% mío –bueno en realidad de ella-.
Mi plan era llegar a las 19:30hrs, pagar por el libro y mencionarles que iría una señorita a recogerlo; yo la llevaría a Crisol y convencería a Cenid que diera su nombre en caja y ‘Oh sorpresa’ tendría su tan ansiado libro ‘Mi Filosofía de A a B y de B a A’ de Andy Warhol. Ella estaría sorprendida, se alegraría y daría saltitos de emoción.

Crisol de San Miguel es una librería muy espaciosa y nada incómoda en su transitar. Sus paredes son libros apilados en estantes. Antes de dar tu primer paso tienes a alguien que te da la bienvenida (aquella vez se le pasó).
Cenid y yo somos celebridades de incógnito, nos disfrazamos de seres ordinarios: una espacial y un terrenal, una caribeña y un esquimal, respectivamente.
Entramos a la librería y de algún modo la sorprendería con el regalo. Nos dirigimos al estante donde debería estar el libro de Warhol, ella lo buscó sin éxito “ya se lo llevaron”, concluyó. La consuelo y le doy esperanzas “tengo poderes y lo puedo hacer aparecer”, vaticiné, pero ella no me cree, luego finge y me dice que “sí”.

Yo sigo el juego recién aprendido mientras se oye por los parlantes de la librería un mp3 que a Cenid y a mi nos gustó. Aquel ritmo me suena conocido pero no identifico la banda; no, no es Cut City, no suena tan bueno como ellos. Aquel ritmo es muy bien asimilado por nuestros cuerpos “¿cómo se llama esa banda?” me interrogó por segunda vez “ven, preguntemos”, le dije. Me acerco con ella a uno de estos tipos de polo azul “hola, dos cosas: llamé por la tarde para separar un libro de Warhol y la otra ¿me puedes decir qué banda es la que suena?”. Ella quedó sorprendida, no pensó lo de Warhol. Volvió el tipo con el libro y se lo alcancé a Cenid y continuación me lo agradecería “no, esto tiene que estar para cuando yo venga”.

(...)

No entendía la figura, no sabía lo que acababa de ocurrir delante de mí. Cenid no aceptó el regalo que le estaba haciendo. No se dejó obsequiar ‘Mi Filosofía de A a B y de B a A’ de Andy Warhol. Yo no entendía la lógica, es el libro que yo le dije que le regalaría en esta quincena y es el mismo libro que menciona en uno de sus mensajes de texto “regálame la filosofía de la A”. Todo lo preciso me destruye y la maldita lógica me conmueve, hasta ese momento dudaba si 2+2 era 4. ¿Qué diablos sucedía con ella en la librería? No lo sabía. Ella no apreció el libro; ok está bien, pero frustró mi deseo de complacerla. En conclusión: me brindó una lección de no ofrecer cosas que, digamos, fácilmente puedas dar. Complícate un poco.

Después del shock cerebral no insistí más y me propuse no abandonar -externamente herido- la librería: saldría con un libro de Crisol sí o sí. Ubiqué ‘Miramientos’ de Javier Marías, que gracias a una de nuestras anteriores visitas, sabía en que estante ubicarlo. Cenid se acercó a mi para ver lo que hacía. De todas maneras me sacaría el clavo de la ‘fucking’ Filosofía.
En mi mano ‘Miramientos’ de Javier Marías y ‘Mi Filosofía de A a B y de B a A’ de Andy Warhol; era mi libro contra el libro de ella. Cenid atrás mío me sigue observando. Le digo a la cajera que solo me llevo el de Javier Marías y el libro del maricón de Warhol, no –claro, no con esas palabras-.
Mi desgracia no se saldrá con la suya y seré yo quien eleve la frente al salir de Crisol. Significa que tendría ‘Miramientos’ en mis manos para consumirlo letra por letra, aprendería de frases visceralmente descriptivas de Javier Marías con la que desnuda a sus célebres personajes; luego me vengaría y realizaría un perfil humanamente delicioso, bello, candoroso, y severamente tierno a una foto que tengo de Cenid.
La cajera recibe mi tarjeta y pide que digite mi clave, aparece un voucher y ella lo descarta; por segunda vez me pide repetir el mismo procedimiento pero sobre otro aparato, “el banco no responde”, me dice, leo en el voucher “Recibo Inválido”. Es todo, lo que no hizo Cenid lo hizo un pedazo de papel térmico; al menos fallecí alrededor de libros: una muerte culta y elegante. Que Warhol y Marías se vayan al mismo agujero, ya no quiero nada.

Simplemente no era el día para comprar libros. Antes de abandonar la librería, Cenid tiene en manos un papel que dice “The Rifles”, es el nombre de la banda que oíamos al llegar. Cenid fue la única que salió ganando.


EL TAXI SILENCIOSO
Caminamos distantes. No es nuestro día o por lo menos, no el mío. “Ven, tomemos un taxi para dejarte en casa”, ella como siempre “ya”.
Abordaremos un taxi, le abro la puerta para que ingrese, ella sube y saluda a nuestro taxista de turno “buenas noches”.
No nos fue bien, no era nuestro día. Talvez el destino trató de advertirnos que esto llegaría a pasar.
En el taxi Cenid está a un extremo y yo al otro. Ni rastro de aquellos viajes cuando declaramos como nuestro los asientos de atrás; alguien nos robó el calor, la saliva y el tacto.

Charlamos tan poco que di por perdido toda forma de comunicación. Largos minutos en silencio recordando la escena del libro que me acababa de negar, pensando que de todos modos si lo compraba, al pagar con tarjeta y digitar mi clave, la cajera me diría siempre “el banco no responde”.

El duro girar de las llantas parece ser muy buen hablador. “Veo un modulart”, me confiesa señalando con su dedo el techo afranelado del taxi, le digo que no veo nada, “es que desde aquí no se puede ver”, musita mientras se acuesta por tiempo limitado en mi hombro.

Si ‘Mi Filosofía de A a B y de B a A’ era la primera sorpresa, yo tenía otra en mente pero que no me atreví a concluir. Ese día le devolvería el ‘móvil blood’ totalmente cargado; y practico un juego que hace unos días nos dio buen resultado: una charada, con la que le haría recordar. Tan pronto como empecé, ella adivinó de que se trataba “el celular”, dijo victoriosa.
Preparé un SMS para cuando encendiera el ‘móvil blood’ leyera un mensaje que reemplazaría mis palabras hacía ella; yo no podría decirlo con la facilidad de un político orador y la habilidad de un avispado timador. Enviarle un mensaje de texto era una buena idea pero nada rentable.

Mensajes de Texto / Borrador / A Cenid:
“No voltees. Te extrañé, sí; mucho o poco, que importa. Tu color caribeño en contraste con mi piel. Debo estar temblando tras de ti. Gracias por dejarme ver tu espalda. Voltea, recuerda, somos unos chaperos”.


De vuelta a nuestras esquinas en aquel taxi, increíblemente ella estaba durmiente y no lo podía creer, no la culpo, el cansancio post clase universitaria la consumió (nótese que la culpa del aburrimiento se la cedo a sus clases). Cenid respira tan despacito como si poco aire nos quedara dentro del vehículo, y me contagia su soñar. Aprovechando su estado, coloco el ‘móvil blood’ en su bolso sin que ella se percate. Luego despierta “¿qué es esto?”, preguntó, “ya no lo quiero, dije que ya no me llamen a ese numero”, manifestó con ternura decidiendo conservar la tapa posterior del ‘móvil blood’como recuerdo.


EL ULTIMO ACTO
Ya en la esquina, apunto de despedirnos y dejarla ir a casa, mientras hablábamos de una biografía que escribí sobre mi, nos dimos unos minutos extras; talvez nos percatamos de lo accidentado y poco comunicativo del día, nos tomamos un respiro mutuo: retrocedimos y dimos unas vueltas a la calle.
Tomó la decisión de no volver -o por lo menos hasta nuevo aviso- a Tortas Gaby, como adivinando uno de los puntos flojos de la noche, “ya usamos a Gaby, ya no más”, amenazó en cumplir.

Llegamos al parque cercano a su casa y divisamos un acopio de pasto seco, ella lo pisa para saber si aguantaría su peso “oh sí”, dice muy alegre y boquiabierta. Mi sueño era terminar despatarrados sobre aquel pasto seco como dos infantes drogados por la azúcar, era, pues, la mejor idea a la vista.
Ella se sienta al filo de la vereda, talvez debí sentarme a su lado pero la siento floja, abatida, “hoy estoy perezosa”, se excusa.
Mira el cielo y me cuenta de sus miedos, compara el cielo con el mar: se puede ahogar; no sabe que yo estoy para cuidarla.
Le conté lo que leí acerca de New Order: de su separación oficial hace 2 años y que Peter Hook vendría a Lima como Dj. “Yo no sé mucho de New Order, solo me gusta Temptation”, señaló.

Y otra vez me menciona a ese cabrón que le cuenta historias en clase y que ahora viene con el cuento que los discos deben escucharse de principio a fin para poder entender todo lo que encierra, pone como ejemplo a Pink Floyd. Acordé con esa idea, y es lo que yo hago con bandas nuevas. Le puse un ejemplo sencillo a Cenid con el disco Dynamo de Soda Stereo: el final de la canción ‘En remolinos’ es el inicio del tema `Primavera 0’.

Ella sentada sobre concreto y yo de pié a un metro de distancia, no dudé en que ese momento era el mejor de la noche; y como buen momento, era mejor despedirnos en ese instante.
Avanzamos hasta detenernos en la esquina a tan pocos pasos de su casa, era demasiado atrevimiento. Cenid saca la cabeza y divisa si hay alguien que nos pueda ver. Tenemos luz verde para nuestros últimos minutos. Me da varios consejos antes de irse: “no mientas”, es uno de ellos, y los demás los olvidé por concentrarme en su rostro para que algo me quede en la imaginación por el resto de la noche.


La última escena fue un tributo, casi una práctica ceremoniosa de un verdadero adiós anticipado. Sin tantas palabras, los gestos y actitudes se perciben como póstumos. La luna nunca se escondió y brilló tanto sobre nuestras cabezas, tantas veces luminosos pero ninguna como aquella; las nubes juegan a esconderse y otras bogan, confusas y en sentido contrario, en busca del sol; el aire es frío, sí, pero tentador para un abrazo caluroso; las paredes de la iglesia crecieron enriscadas y nos cubren de efectos madre; Dios de un resfriado desapareció por unos segundos a todo ser humano alrededor. Cenid brilla tanto como mi veto de cinco estrellas. Cenid y su cabellera de medusa que parece salido de un film etéreo de Lynch. Bañada de luna, Cenid tiene el rostro asepiado y ojos de cine mudo.

Alguien presiona un ‘pause’ que nos deja flotando sobre lo real. Si hay algo que debía decir lo diría ya, pero ella me anticipó.
- Fin.
- The end of the world, repliqué.
Pensando en cuando nos volveríamos a ver e intentar nuevos roces que renueven nuestras anónimas –y artísticas- escapatorias, Cenid usó sus labios para despedirse sin fecha de retorno.

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001.- New Order "Temptation". Ella también se viste de amarillo para danzar.

1 Comment:

  1. N e p T u n i a said...
    ...



    ...



    ...


    ...


    uh,

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